Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, está en libertad condicional.
Ha cumplido 2 de los 3 años que le tocaban cumplir.
Aunque ya hace 6 meses que duerme fuera de la cárcel.
Sólo pasó la mitad de la condena realmente encerrado.
Lo siento, pero no puedo alegrarme.
Se trata de alguien que iba a toda velocidad, que atropelló a un inocente peatón, que dejó a Benjamín Olalla tirado en el suelo y aceleró dejandolo atrás y que además permitió que su propio hermano menor asumiera la autoría.
Lo siento, pero considero que 3 años no eran suficientes.
Considero que un año y medio es una tomadura de pelo.
Considero que a la viuda y a sus hijos les quitaron un marido y a un padre durante el resto de sus VIDAS, y eso es lo que debería hacer él.
Pero vivir en España es vivir con una justicia que mira a todos con distintos ojos.
Una justicia que no tiene porqué ser justa.
Una justicia llena, llenísima de contradicciones.
Juan Manuel Fernández Montoya debería hacer un razonamiento, y si de verdad se arrepiente y es consciente de lo que hizo, debería estar pagando toda su vida con actos bellos a la familia que destrozó, con actos de bondad, con actos de arrepentimiento, con actos de perdón.
Pues aún así, la vida que les quitó, jamás se la podrá devolver.