La coherencia de voto es algo que no todos tenemos.
Yo personalmente, llevo 17 años, mi vida como adulto, intentando ser coherente con mi voto.
No es fácil.
A veces, el argumento de un político te convence lo suficiente como para depositar tu confianza, aunque no estés de acuerdo con otros aspectos de su lista de propósitos.
Es el clásico voto por simpatía, no compras todo lo que dice, pero sí parte.
Luego está el contravoto. Ves a un político que no coincide en NADA de lo que piensas, ves que será una amenaza para la sociedad, así que decides votar a su rival con más posibilidades de ganar.
Luego está el voto pro pacto. Este es quizás el más complejo, se busca cuando alguien quiere la mayor democracia posible, es decir, forzar a que pacten los partidos políticos entre ellos, de manera que buscas la situación de votar a un partido, cuyo voto pueda ser determinante para tomar decisiones y así el partido con más votos se vea empujado a negociar, a pactar condiciones más acordes con una mayoría más real.
Os confeso que yo ya he utilizado todos esos tipos de voto.
No es fácil ser coherente.
Para ser coherente debes tener memoria, recordar las promesas electorales, recordar las declaraciones, recordar los hechos posteriores.
Para ser coherente debemos relacionar contínuamente los hechos finales con las declaraciones y promesas anteriores.
No es fácil ser coherentes.