Hace unos años hablaba con un primo que tengo en Sevilla, y me decía lo mucho que estaban quemados con los Socialistas en Andalucía.
Que las elecciones se aguantaban siempre por la gente mayor, que votaba por inercia al Partido Socialista, me explicaba casos de corrupción, casos de favoritismo y leyes claramente populistas que existían tan sólo para asegurarse la complicidad del votante.
En aquel tiempo recuerdo haber alargado alguna noche debatiendo algunos enfoques y demás, pero el tiempo le ha dado la razón.
Por lo visto, el cambio está llegando, pues toda aquella gente joven que estaba en desacuerdo con sus padres y abuelos sobre su inquietud política, han ido incrementando el número, y aquí está el posible cambio andaluz.
Me encanta Andalucía.
La amo, cada vez que puedo hablo bien de ella, aunque no me callo y también hablo de las realidades incómodas, de aquellos hechos que avergüenzan. Se trata de ser justos, aunque a veces nos duela.
Creo que Andalucía es una de las comunidades que más claramente necesita ese cambio. Es evidente. Es la única manera de romper con ciertos comportamientos endémicos que no hacen más que viciar la sociedad.
Seré feliz el día que llame a mi primo y oiga en su voz ese fondo de esperanza.